lunes, 10 de noviembre de 2014

EL ARCÁNGEL SANDALFÓN



Sandalfon es uno de los dos arcángeles cuyo nombre no termina en “el” que quiere decir Dios en hebreo. El otro es Metatrón, según la tradición, son los únicos arcángeles que han tenido una vida sobre la tierra, Sandalfon fue el profeta Elías y Metatrón el sabio Enoc. Por haber pasado tiempo como seres humanos, ellos entienden el proceso que se vive en la tierra. Por eso, podemos contar con su apoyo para que nuestras solicitudes, oraciones o meditaciones tengan una respuesta más rápida. La mayoría de los Arcángeles entienden nuestras peticiones literalmente. Es decir, si pedimos una señal para tomar una decisión, ellos nos mandan UNA SOLA. Si no la vemos, ellos cumplieron y nosotros ni nos dimos por enterados. Sandalfon entiende que al pedir una señal, hacemos referencia a entender un mensaje y nos da las que sean necesarias para que la recibamos. Cuando necesites apoyo en tus peticiones, cuenta con este arcángel.
El Arcángel Sandalfon, ayuda en el desarrollo espiritual y a entender que todos somos uno. Cuando Sandafon está contigo, es una invitación a desarrollar tus habilidades espirituales y a crecer internamente.
Es a través de su enseñanza que los hombres y mujeres entienden la Ley Universal de Dar lo que quieres Recibir. La sociedad nos educa para estar pidiendo constantemente a través de la oración, este ser de luz, nos invita a complementar esta práctica con esta ley: Si quieres paz en tu vida, da paz a tu alrededor. Si quieres abundancia, sé generoso. Si quieres que te tengan paciencia, sé paciente. Al rezar o meditar, asegúrate de incluir un plan en tu día para darle a alguien, lo que esperas recibir.
Es el Ángel de la Oración, el Angel Protector de la Tierra y un Maestro de la Música. Él también gobierna el Séptimo Cielo y su función principal es la de llevar las oraciones de los seres humanos a Dios y traer a la Tierra las respuestas a estas oraciones. A él le encanta entregar mensajes y respuestas a las oraciones a través de la música, de modo que hay que prestar atención y ¡estar atento a la música, a las letras en la música y  a lo que siente, cada vez  que usted escucha alguna pieza

LEYES UNIVERSALES

Las Siete Leyes Universales
Todos nosotros alguna vez hemos escuchado hablar del siete como un número mágico, cabalístico, místico, que encierra muchos enigmas. En las escuelas de sabiduría hermética, se filosofa sobre los siete universos paralelos, las siete leyes cósmicas, los siete cosmocratores o genios siderales, las siete iniciaciones, los siete cuerpos existenciales del hombre con sus siete centros magnéticos.

A nivel religioso se habla de los siete Espíritus ante el trono de Dios, los siete Arcángeles, los siete Jinetes del Apocalipsis, las siete Iglesias, los siete Sellos, las siete virtudes conscientes, los siete pecados capitales.

En el ámbito científico se estudia el espectro electromagnético luminoso con sus siete colores, (el Arco iris del prisma solar) y el espectro electromagnético vibratorio con sus siete notas musicales en sus diferentes octavas. Se experimenta con los siete cristales de perfecta vibración molecular, se utilizan los siete metales preciosos de la alquimia medieval, se explora a los siete planetas de la astrología antigua, buscando comprender las siete dimensiones básicas del cosmos.

En la antigua sabiduría oriental se enseñaba sobre los siete rayos de la creación, los siete Mahachoanes o dioses regentes de cada rayo, sobre las siete serpientes ígneas que se levantan en el yogui de perfección, mediante la asimilación de los siete Pranas maravillosos con sus siete atributos que desarrollan los siete Chakras mediante los siete grados del poder del fuego, eliminando los siete vicios del hombre y desarrollando las siete virtudes esenciales.

En fin, donde busquemos encontraremos una constante eterna: la presencia de siete leyes universales, una incesante manifestación de siete principios que desarrollan, organizan, cristalizan y ejecutan la creación realizada por los tres principios creadores. Todas las religiones y escuelas filosóficas de la sabiduría universal, siempre nos han enseñado que en el universo existen estas siete leyes inmutables.


Ley del mentalismo
La ley del mentalismo se basa en un aforismo que dice “todo es mente, el universo es una creación mental”. El universo en que vivimos es una creación mental del TODO en cuya mente vivimos, nos movemos y tenemos nuestro ser.
Todo lo que existe es producto de la mente divina y toda manifestación captada o no por nuestros sentidos físicos es esencia mental. Cada pensamiento tiene forma tricolor y puede ser visto por nuestros propios ojos en el plano astral o plano psíquico; por ello se dice que la mente es la matriz del cosmos y es el pilar de quien aspira a la maestría. Por medio de ella creamos nuestro propio destino, ya que es por medio del mentalismo como la energía del cosmos actúa y nos obedece.
Ley de correspondencia
La ley de correspondencia se basa en el enunciado de: “como es arriba es abajo como es abajo es arriba”. Este principio encierra la verdad de que entre los diferentes planos que se manifiesta la vida y todo cuanto existe en el cosmos, hay una concordancia o correspondencia que los unifica y nos permite entenderla y reconocer la clave para dar respuesta a las grandes inquietudes e interrogantes que encontramos en el transcurso de nuestra vida y en la naturaleza, ya que aplicando este principio veremos que las formas más minúsculas son un perfecto reflejo de las mayores. Veremos que el macrocosmos es igual al microcosmos y que al hombre mismo; al estudiar el átomo comprenderemos un sistema planetario y viceversa.
Ley de vibración
El principio o ley de vibración nos dice: “nada está inmóvil, todo se mueve”. Todo en el cosmos vibra desde el todo que es puro espíritu hasta la más tosca forma material, desde el gran universo hasta el más pequeño de los átomos, la diferencia esta dada por la rata vibratoria: cuanto más alta es la vibración, más elevada es su posición en la escala. La vida es vibración, desde lo más lejana pulsación de un quásar hasta la leve pulsación del minúsculo insecto que despliega sus alas al nacer el día, y muere cuando cae la noche. Absolutamente todo lo que el ser humano percibe a través de sus cinco sentidos incipientes son diferentes grados de vibración que se hacen palpables y visibles en el suave color de una rosa, en el rumor de la brisa, o en la apacible quietud de la piedra aparentemente estática.
Ley de polaridad
El principio o ley de polaridad nos dice que: “todo tiene su par de opuestos, todo es dual, todo tiene dos polos, los semejantes en los antagónicos son lo mismo, los supuestos son idénticos, pero diferentes en grado, los extremos se tocan”.
La ley de polaridad explica que lo que separa a cosas diametralmente opuestas es solamente cuestión de grados y afirma que todo par de puestos pueden reconciliarse mediante la aplicación de este principio, el cual ha servido de punto de partida para grandes avances de la ciencia y que nos ha llevado a comprender como todo movimiento es un todo, o sea el resultado de dos fuerzas contrarias: una centrifuga y otra centrípeta.
Ley del ritmo
Esta ley o principio nos dice que: “todo fluye y refluye”, todo tiene sus periodos de avance y retroceso, todo asciende y desciende, todo se mueve como un péndulo, la medida de su movimiento hacia la derecha la misma de su movimiento hacia la izquierda.
El ritmo es la ley de compensación, es el reflejo de la vida misma. En el universo todo se manifieste en un determinado movimiento de ida y vuelta. Todo asciende y desciende, todo tiene su avance y retroceso porque todo obedece a periodos cíclicos  en los cuales podremos observar tres etapas o momentos: expansión, descenso y recuperación.
Ley de causa y efecto
La ley de causa y efecto nos dice: “toda causa tiene su efecto, todo efecto tiene su causa”. Todo sucede de acuerdo con la ley, la suerte no existe, no es más que el nombre que se le da una ley no conocida; hay muchos planos de causalidad, pero nada escapa a la ley.
Es por esta ley que todas las cosas son, han sido y serán. Es la misma ley conocida en la filosofía como principio de causalidad. En el materialismo dialéctico se le conoce como la unidad de los contrarios; en la ciencia actual la encontramos expresada en la tercera ley de Isaac Newton: la ley de acción y reacción; además se encuentra expresada en casi todos los libros sagrados de las diferentes religiones, con muy variados ejemplos como el pasaje bíblico que nos dice, es aquello que sembremos eso mismo habremos de cosechar.
En el universo, todo movimiento tiene su verdadera resonancia, su propio efecto; todo cuanto sucede, las consecuencias de esos sucesos y todo acontecimiento son causales y no casuales; es por ello que nada se da al azar, ni siquiera la caída de una hoja; todo en el universo se concatena.
Ley de generación
Esta ley nos dice que: “la generación existe por doquier. Todo tiene sus principios masculino y femenino, la generación se manifiesten todos los planos”.
La palabra generación deriva de la raíz latina que significa “concebir, procrear, producir” y tiene un significado mucho más amplio que la del sexo. Todo cuanto existe tiene sus principios masculino y femenino es decir todo contiene los principios activo y positivo, en todo se manifiesta la acción del ánodo y el cátodo. La polaridad y la generación se manifiestan en todos los planos tanto en el físico como en el elemental y el espiritual.

domingo, 2 de noviembre de 2014

GUARDIANES DEL CIELO



 El primer cielo, conocido como Shamayim o Wilon, limita directamente con la tierra, lo que supone un factor de protección para ésta. Durante la noche, el cielo se descorre.
Los ángeles guardianes de la nieve, el hielo y el rocío también moran aquí.
Según la tradición, Adán y Eva vivieron en el primer cielo, que no hay que confundir con el Paraíso o el jardín del Edén, que se localiza en el cuarto cielo.
El soberano de Shamayim es el arcángel Gabriel. En el relato donde cuenta cómo llega al puerto de este cielo, Enoc lo describe como un tesoro de hielo, nubes y rocío, con un rio de fuego por el que, en lugar de agua, fluye fuego. Para san Pablo, el primer cielo es la Tierra de promisión, en la que cada árbol da al año doce cosechas con frutos variados. Y, según él, este cielo brilla siete veces más que la plata.

Segundo cielo: Raquia
Leví, uno de los doce hijos de Jacob y padre fundador de la tribu israelita de Leví, escribió en su testamento: «El segundo [cielo] ha preparado fuego, nieve y hielo para el día, pues el Señor lo dispone, del gran juicio universal».
El soberano del segundo cielo es también un arcángel: Rafael. La palabra hebrea raquia significa «firmamento» y en el Talmud hace referencia al ámbito del sol, la luna y las estrellas. En este cielo se encuentra la prisión de los ángeles caídos, que aguardan el día del Juicio Final encadenados y en una oscuridad total. Según se dice, en otra parte del cielo viven Enoc y Moisés. En la tradición islámica, en este cielo moran también Juan Bautista y Jesucristo. Este último se llama allí «Isa ibn Maryam» y, en su calidad de profeta, es el predecesor más importante de Mahoma.

El tercer cielo: Sagun o Shehaquim
El jardín del Edén, un lugar rodeado de leyendas conocido también como Paraíso, se halla supuestamente en el sur del tercer cielo. La palabra «edén» procede del sumerio aáana, que se traduce como «jardín».
Se dice que las puertas de entrada al tercer cielo son de oro macizo. Tras ellas se encuentra un huerto donde crece el Árbol de la Vida, bajo el que reposa Dios. Dos ríos discurren a través del Edén: uno con leche y miel, el otro con vino y aceite. El jardín está vigilado por trescientos ángeles.
Todas las almas íntegras llegan allí tras la muerte y reciben su recompensa. Por eso, en este cielo hay comodidades tales como las abejas divinas, que recolectan en el sur el maná-miel que posteriormente es molido por dos poderosas piedras molares. De estas últimas proviene otro de los nombres del tercer cielo: Shehaquim, que en hebreo significa «piedra molar».
El soberano de Sagun es el ángel Anahel. Azrael, el ángel de la muerte islámico, también vive en este lugar. y hay indicios de que el infierno, con todos sus demonios y Lucifer, su señor, se encuentra en el norte de este cielo.


El cuarto cielo: Zebhul o Machanon
Zebhul, o también Machanon, se describe como el lugar de la Jerusalén celestial, con el Templo sagrado y el Altar divino. El apóstol Pablo escribe en el Apocalipsis: «Era toda de oro y la rodeaban doce murallas, y dentro había doce torres [ ... ] de gran belleza». También habla de que hay cuatro ríos: uno de miel, el Fisón; otro de leche, el Éufrates; otro de aceite, el Geón; y otro de vino, el Tigris.
Según Enoc, en el cuarto cielo se encuentra el Paraíso, con el Árbol de la Sabiduría, cuyos frutos confieren el saber a quien los come. En Zebhul circulan, movidos por los vientos, los grandes carruajes donde están el sol, la luna y las grandes estrellas. El soberano de este cielo es el arcángel Miguel.

El quinto cielo: Machon o Ma’on
En el norte del quinto cielo, detrás de una grieta por la que ascienden humo y llamas, se localiza una prisión celestial. En ella, según algunas teorías, pena el coro décimo de los ángeles que aguarda allí su juicio.
Esa zona del cielo no posee base ni cubierta. En el sur, por el contrario, los ángeles cantan toda la noche sin interrupción, sólo callan al alba para que Dios pueda oír las alabanzas de su pueblo en la tierra. El soberano de Machon es o bien Sandalfón, hermano de Metatrón, o bien el ángel Samael. Según se dice, este cielo es la morada de Aarón, hermano de Moisés, y de los ángeles vengadores.


El sexto cielo: Zebul o Makhon
El sexto cielo es el único gobernado conjuntamente por dos ángeles: Sabat lo gobierna durante el día y Zebul por la noche. En él viven siete querubines que cantan alabanzas a Dios y siete aves fénix. En Zebul hay una casa grande del saber, donde los ángeles aprenden todo sobre la humanidad, el tiempo y el cosmos.
Según Enoc, en este cielo estudian los ángeles en grupos, y tienen a los arcángeles como profesores. Este cielo frío, con bajas temperaturas, granizo, hielo y nieve, recibe también el nombre de Makhon (en hebreo, «residencía»). El príncipe del sexto cielo es el arcángel Gabriel.

El séptimo cielo: Araboth
En el cielo más elevado se encuentra el trono de Dios y, en torno a él, los ángeles que siempre permanecen a su vera: querubines, serafines y tronos. El príncipe de Araboth puede ser el ángel Casiel o el arcángel Miguel. Se dice que las almas de los que aún no han nacido esperan allí a su nacimiento.

ENERGIA TELURICA



A través de registros históricos y de numerosos hallazgos arqueológicos, se sabe que nuestros antepasados concedían extraordinaria importancia a la determinación de ciertas energías, ligadas a determinados puntos de la tierra. Como ya se mencionó, la ubicación de santuarios y templos, el asentamiento de las ciudades, la orientación de los mismos, las rutas de peregrinación, etc., tienen mucho que ver con la existencia y consideración de esas energías. A esta energía se le ha denominado genéricamente Energía Telúrica.
Los antiguos consideraban que la tierra era un ser vivo y, como tal, tenía un sistema nervioso relacionado con su campo magnético, con nodos de potencia semejante a los puntos de acupuntura en el cuerpo humano. Estas líneas que corren de nodo a nodo, aparentemente estaban implicadas con una fuerza que se simbolizaba con una serpiente o un dragón. Los chinos llamaban a estas líneas, que corrían en forma invisible sobre toda la superficie terrestre, líneas de corriente dragón o " Venas del Dragón". Dividían esas líneas de corriente dragón en dos clases, negativas y positivas, o yin y yang, que eran representadas por un tigre blanco y un dragón azul, símbolos semejantes al jaguar y a la serpiente emplumada, Quetzalcoalt, de los Mayas y Aztecas.
El yang, o corriente masculina, se pensaba que corría a lo largo de cadenas montañosas, colinas y terreno accidentado. Cerca de fallas geológicas o de volcanes, esta corriente se vuelve particularmente agitada. El yin, o corriente femenina, estaría en los terrenos planos, valles, ríos y canales subterráneos. Estas fuerzas, yin-yang, eran símbolos de las fuerzas cósmicas y telúricas, que al unirse se convertían en creativas, tales como "los rayos del Sol preñando a la Madre Tierra".
Los antiguos concibieron también que el poder dragón podía ser curativo, vigorizante y dilatador de la conciencia. Un poder que, a medida que pasaba en líneas rectas a través del campo, llevaba consigo una estela de los poderes fertilizantes vitales.
En la actualidad se sabe que de la tierra emana una particular y sutil energía; la constitución, procedencia e itinerarios de esta complejísima radiación, denominada genéricamente como radiación telúrica, son objeto de numerosas hipótesis. Algunos especialistas consideran que está constituida, por una parte, de las energías cósmicas que refleja y refracta el planeta, y por otra, de las energías emanadas del mismo, entre ellas las electromagnéticas. Bajo la denominación de corrientes de energía telúricas se agrupan fenómenos muy diversos que las provocan y les sirven de cause, tales como venas de agua subterráneas, fallas geológicas, capas freáticas y otras anomalías no siempre fáciles de especificar.